a mi compañero

Me cuidaste cuando yo no era capaz. No háblabamos el mismo idioma, pero nuestros cuerpos comprendían del tacto y mi mano encajaba en la tuya.

Lo que nos une va más allá de lo que la gente entiende por amor,
este vínculo de dulzura y cuidado mutuo es inquebrantable. No entiende de tiempo ni distancias y cuando lo siento flojear pienso en ti y palpita con fuerza de nuevo.

Para mí es muy difícil explicárselo al resto, en primer lugar porque tendría que explicar el por qué de la necesidad que tuve de ti y no estoy preparada para hablar de aquello. Lo que ocurrió me sigue dejando sin aire y me hace tropezar, aún hoy.

Te concibo en presente porque la idea de que te hayas convertido en recuerdo me aturde. Sé que debo dejar ir a quién he soltado de la mano, pero caminé junto a ti tanto tiempo que me aterra darme cuenta de que ahora no soy capaz. Tengo otras muchas manos que me alzan e impulsan, manos repletas de un amor bondadoso y paciencia infinita, y soy afortunada por eso. Pero tú fuiste el que primero me ayudó a caminar y cuesta deshacerse de eso.

Supongo que me da miedo que nuestros caminos ya nunca se crucen. Yo espero, de corazón, que la mano que aferres ahora no te suelte y que te anime a continuar tu camino, cualquiera que sea. Siempre confié en que llegarías adónde quisieras y espero que te lo recuerden, aunque no te haga falta.

También espero que me permitas cruzar algún día y caminar juntos de nuevo. Yo seguiré siendo yo sin tu mano acunando la mía, pero no sin tu risa animando mi vuelo. Espero que tu cielo sea lo suficientemente grande para mis nuevas alas.

día x cuarentena

ya ni la pena siento,
me veo tan chiquitita
que me parte hasta
el aliento

mi calendario es
un río
de horas muertas;
ya no hay días

no sé nadar,
el agua es negra,
me quema la herida

volví a soñar que volvías,
otra noche
sin aferrarme a la orilla

te noto lejos,
yo estoy ida,
no hay más renglones
ni casillas de salida

ya ni tu voz escucho
en la lejanía,
me quema el ruido
y la monotonía


la noche que nos hicimos

caminas por el pasillo
como quien conoce
la calma de la ausencia
y se ha hecho hueco.

tus ojos se desnudan
cuando te sientas en la cama
y me dices sin hablarme
que te da miedo hablar
en futuro,
porque todo tú
nace del ahora.

yo te miro y te respondo
que me aterra el ayer,
que mi futuro es un túnel
donde no veo final,
que tengo frío a menudo
y me cuesta dormir por
las noches.

pasamos las horas
sostenidos por las
manos del otro,
y cuando llega el día
me disfrazo de nada,
para dejártelo todo,
en silencio.

mi disfraz
es la única excusa
que conservo
para fingir que no
me aterra sentirte
tan adentro.

///////

esta fue
la primera noche
que nos hicimos
en una misma
piel

a partir de aquí
todo fue intentar
manternos separados,
sin saber que nos unía
el cuerpo ,
que habíamos dejado
el escudo
para podernos ver

mi momento favorito del día

ocupas tanto mi tiempo
que he dejado
de contar las horas
para contarte a ti
lo que hago en ellas

cuando te noto
al otro lado,
y te ríes,
y se me ilumina
el pecho,
y se me desenredan
los nudos,
siento que no hay distancia
más allá
de tu voz y la mía

ya no es la merienda,
ahora tú
eres mi momento
favorito del día

te has hecho
a mí
como los árboles
se hacen a la luz del sol,
cada día creces
un poquito más

solía pensar
que el amor es algo
rojo y brillante
que te invade de golpe

pero tú
apareces,
como un amanecer
a través del mar,
naranja clarito,
cada minuto
un poco más
arriba

es ese
tipo de amor
el que quiero
y tú me das,
no la pasión
de una hoguera,
sino la calidez
del fuego
de un hogar

fragmentos del presente

[…] Muchas veces te he escrito y deshecho en el camino. Qué complicado es hablar de lo fácil y cuántas veces damos vueltas a lo que ya se ha vivido. Pero hoy he leído una cita de Úrsula K de Guin y me he puesto a pensar en ti. La cita dice: “el amor no está quieto ahí como una piedra; hay que hacerlo, como el pan; rehacerlo todo el tiempo, hacerlo cada vez”. Me he puesto a pensar en la cantidad de veces que tú y yo nos hacemos al día. Cuando me abres la puerta de tu casa y yo hago equilibrios para dejar mi chaqueta en tu silla sin tirar la montaña de ropa. O cuando en la noche tengo un mal sueño y me dedico a contar tu respiración asomando por mi oreja. Mis recuerdos contigo son como destellos de luz que alumbran el océano de mi cabeza cuando intento escribir. Es complicado hilar tus luces, guiar mis palabras, para alumbrarme. [….]

¿dónde está el sol?

al principio
de esta historia
veía el atardecer
asomado en tu mirada

¿qué ocurrió
para que todo
cambiase a peor,
cómo no vimos
el desplome del cielo
a nuestros pies?

ahora los golpes
suenan con mucha fuerza,
la sangre se acumula en
tus nudillos,
mi corazón tiembla

esa puerta
no se va a derrumbar,
da igual lo mucho
que lo intentes cariño,
nada va a cambiar

he intentado huir
de este pasado repleto
de huellas de diamantes,
todo aquello que existió
sigue presente en mi memoria,
pero no hay forma
de hacerlo brillar otra vez

¿tú también notas
ese desgaste en la mirada
por no encontrar
nuestro atardecer?

me duele el olvido
de tus manos
de tu pelo
de tu voz

ahora el cielo siempre
es negro
y yo no consigo ver