ya no comparto lo que escribo 

porque nunca escribo:

mis dedos relampaguean sobre teclas

con versos ácidos y crueles,

mi brazo derecho entumecido,

mis dientes rígidos,

el dolor en la mandíbula 

de otra noche de mordiscos 

eso no es escribir

-me maldigo-

creo monstruos

tumbada en mi cama

cada domingo

escribir libera,

me seca los ojos y

me acaricia la espalda

pero estas palabras

disparan contra el papel

dejando huella en la madera,

se quedan en mi piso,

me destrozan la trinchera

no reconozco

el idioma en el que pienso,

lleno de letras invertidas

y de rostros difuminados

que me enseñan los dientes

esto no es escribir

es transcribir un error 

de conciencia

-no quiero que cobre forma

más allá de mi cabeza-

pero

las palabras siguen disparándose 

ágiles y nada sinceras 

me creo sus mentiras

y lo llamo poema,

necesito sentir que 

vuelvo a ser la que era

pero ya nada es igual:

no volverá el cereza,

el aleatorio seguirá vacío 

sin nuestra mesa,

no habrá botellines abiertos

en el maloka,

los ojos que me miran

ya no se interesan por las letras

ya no escribo 

porque dejé de entender

mi idioma

y uso las palabras

para crear pesadillas

derribe y reconstrucción

yo no quería
estar aquí
escribiendo y
escuchando tu respiración
en la cama
-esa en la que ya no
puedo estar sin sangrar-

me duelen las muelas
de apretar los dientes
para que no me escuches llorar.
ahora entiendo el concepto
de mar de lágrimas:
un océano nos separa
a ti
y a mí

no entiendo
hacia dónde miran tus ojos,
a quién acarician tus manos
cuando dices mi nombre
y tu boca se desvía
hacia otro lado.

soy una naúfraga
en este mar
de perdón y olvidos,
otra vez me toca
buscar(te) en la orilla
o dejarme hundir.

no riman mis versos,
me tiemblan las manos,
el reloj de mi conciencia
me golpea con fuerza
en el corazón

noches de arañazos

tengo la piel
en carne viva:
me he arrancado un pedazo
por cada mentira.

sentí que me amabas
cuando nada veía,
sentí que estabas aquí
cuando yo estaba ida.

ahora no hay nada
más que esta monotonía,
de odiarse a un misma
y creerse distinta

a todos esos
que te rasgan de noche
y te sonríen de día,
que te besan heridas
de sus propias astillas

distorsiones

¿Qué hay en el límite de tu conciencia que tanto me aterra? ¿En quién piensas cuando el alcohol te puede, cuando el insomnio te puede? ¿A quién escribes entonces? ¿Es a mí? Si tú y yo nos alejamos, ¿me convertirás entonces en motivo eterno de tu pena? ¿Es la única manera de que me pienses, de que me escribas, de que me recuerdes?. Yo nunca quiero a medias, pero siempre soy la que termina con el corazón en dos

cuaderno rojo

08/04/2020

Siempre sospeché que pensabas en mí para hacerte daño, hay gente que no sabe relacionarse con el mundo si no es a través del dolor. Sé que pensabas en mí cuando yo aún no te conocía, cuando ni te había visto, cuando tú sólo eras una anécdota en la boca de mi pareja de entonces. Colocarme en el centro de una situación que no era mía, colocarme una responsabilidad sobre el conflicto ajeno, te permitía no tener que asumir tu propio papel. Lo hiciste al principio, y lo repetiste años después. No te estoy escribiendo porque quiera darte una importancia que no tienes, pero cuando pienso en él irremediablemente tengo que pensar en ti. Sé que piensas que yo le di la razón, que me puse de su lado por mi irremediable maldad y que por eso terminamos viéndonos. Te gusta pensarlo, para encontrar un sentido a tu odio. Pero en el fondo sabes que eso no es verdad, que yo cuando he tenido que posicionarme lo he hecho. Lo cierto es que yo nunca supe lo que estaba ocurriendo porque él se aseguró de ello, pero eso a ti no te conviene pensarlo. Sé que te molesta saber que nosotros ya hablábamos desde mucho antes de que os rompieseis, que había una falsa cordialidad por su parte, porque eso nos sitúa a las dos en el mismo punto. Nos gusta pensarnos como distintas, porque empatizar es un esfuerzo político que no queremos hacer. […]

🌨️

«No sé qué es una vida equilibrada. Cuando estoy triste no lloro, me vierto. Cuando estoy feliz no sonrío, brillo. Cuando estoy enfadada no grito, ardo…” este poema de rupi kaur solía ser uno de mis favoritos. siempre he tenido un corazón tan acelerado que me costaba cogerle el ritmo, y he tardado años en aprender que sentir mucho no tiene por qué significar algo malo. cada lágrima merece ser vertida así como cada risa merece también su espacio. encerrar el sufrimiento en tu garganta sólo hace que grites por dentro.
supongo que escribo esto para recordar que la sensibilidad no es sinónimo de débil, negarte a sentir por miedo al dolor sí lo es.

grietas

como un rayo me atraviesa
y me seca la boca,
por más que intento ahogarlo
siempre vuelve:

ese pensamiento
de no ser suficiente,
de no llegarte tan adentro,
de que tus letras de mesilla
nunca llevarán mi nombre

sé que me quieres,
aunque no lo escribas en un sobre,
aunque dediques versos a otras
a las que sí amaste entonces.

sé que me quieres
como se quiere a quién te paz
después de una guerra,
pero me gustaría ser también
a la que dedicas tus poemas,
la que revolucionó tus días,
un gran amor de fuego
que recordarás cuando se pierda.

[…]

me asusta
que alguien te haya marcado tan profundo
que las demás solo aspiremos a ser sombras